La noche del sábado 15 de noviembre de 2025 no fue una más en Valdemoro. Fue una de esas fechas, que pese a presagiar una sala a medio fuego, ya que los alemanes Helloween tocaban a la misma hora en Leganés, se sintieron especiales desde que se apagaron las luces del The New Reston para dar inicio a la velada. El murmullo del público ya sonaba a expectativa y las guitarras parecían estar presentes incluso antes de sonar.
El escenario de The New Valdemoro (El Restón) se preparaba para recibir una cita histórica: la gira del XX Aniversario de Zenobia, una celebración muy esperada por los seguidores del metal nacional. Pero antes de que los riojanos desplegaran toda su historia y su legado, la noche tenía que arder desde el principio.
Y ahí entró Casus Belli.

Lejos de ser un simple telonero, la banda salió al escenario como quien entra en batalla: con actitud, determinación y la intención clara de dejar huella. Y lo consiguieron.
Casus Belli: energía desde el primer acorde
Desde el primer momento quedó claro que Casus Belli no venía a cumplir un trámite. Venía a conquistar con su recién estrenada formación. El sonido fue contundente, directo, sin artificios, con esa potencia que solo se consigue cuando una banda cree en lo que está tocando.

El público, reunido para celebrar los veinte años de Zenobia, respondió desde el inicio con entusiasmo. Las primeras filas se movían, los aplausos crecían y la sala se iba calentando tema tras tema.
Casus Belli no solo abría la noche: la estaba encendiendo.
Un viaje épico canción a canción
El concierto abrió tras una introducción épica con A Light in the Darkness, un fogonazo inicial que atravesó la sala como una llamarada en plena oscuridad. Una gran adaptación de David T. Valera del que grabó en su álbum debut, el internacional Henning Basse (Metalium), que el madrileño hizo suyo. La banda había encendido la chispa.

Sin dar tregua, Nada que Temer llegó como un grito de desafío. Las guitarras parecían empujar a la audiencia hacia adelante, y la sala respondió con fuerza, como si cada verso fuese una promesa compartida: esa noche, el metal no conocía el miedo. Era un tema que sonaba a himno, a comunión, a entrega.
El ambiente se tornó más denso con Sentenced to Death. Aquí Casus Belli mostró su lado más oscuro y contundente, con una base rítmica que golpeaba como un martillo y un aura casi teatral que hizo temblar el suelo bajo los pies de los asistentes. La intensidad se podía cortar en el aire.

Con Pain, la banda exploró la emoción en su forma más cruda. No era solo potencia: era sentimiento convertido en sonido. Un tema que equilibró melodía y agresividad, arrancando miradas cómplices entre quienes vivían cada nota como propia, como si el dolor también pudiera transformarse en fuerza.
Entonces llegó Punto de Partida, un recordatorio de identidad, una reafirmación. Era la banda diciendo con firmeza: aquí estamos, este es nuestro camino. El groove marcado y la entrega sobre el escenario consolidaron aún más la conexión con un público que ya estaba completamente dentro del viaje; uno de los temas más vitoreados de la banda.
Y si hubo un momento verdaderamente eléctrico, ese fue Arianne, headbangers y guitarras aéreas pudieron verse entre el público, con una gran interpretación que nada le hacía desmerecer del tema grabado por José Andrëa.

Pero la declaración definitiva y cierre llegó con El Baler (1898), un broche final poderoso y casi heroico. Con ecos históricos y una fuerza arrolladora, la banda dejó la sala encendida, como si acabaran de escribir el prólogo perfecto para la gran celebración que venía después con Zenobia.
Un arranque perfecto para una noche histórica
Cuando Casus Belli abandonó el escenario, no lo hizo como una banda secundaria, sino como un ejército que había ganado su propia batalla. Habían cumplido con creces su función, sí… pero también habían demostrado que su directo tiene identidad, fuerza y presencia propia.
Valdemoro ya estaba en llamas musicales. El público estaba completamente preparado para recibir a Zenobia en una fecha señalada de su gira aniversario.
Casus Belli no fue un simple inicio.
Fue un golpe sobre la mesa.
Una descarga de metal que convirtió el comienzo de la noche en algo digno de recuerdo.
